Recuerdos del pasado, Lorenzo Fernández Molina

PREFACIO

Mi pueblo, Moral, es “mi tierra”, donde nací y viví mi infancia y donde continúo unido para toda mi vida aunque los derroteros de ésta me hayan hecho deambular, como a tantos, por distintos destinos. La patria chica no se elige. La patria chica se nace y……. se vive en el corazón.

Recuerdo aquellos años de la posguerra (cuarenta, cincuenta, …), bajo la luz del candil de aceite, la luz fría del carburo y una luz eléctrica incipiente y débil.

Las tertulias diarias de los vecinos en la puerta de la calle de alguno de ellos, donde se trataban las noticias diarias; y nosotros, niños, jugando en las esquinas; mientras las niñas saltaban a la comba o al tate entonando alguno de sus muchos cantares.

Aún me quedan grabadas las imágenes de los hombres en las construcciones de tapial, subiendo tierra, machacándola y pisándola, para poder hacer los muros. Y en los huertos y extrarradios del pueblo la fabricación del débil y pobre adobe.

Los trabajos constantes en el campo, casi sin descanso, ni domingos ni fiestas de guardar, para poder obtener al fin unas míseras cosechas con que paliar el hambre.

Los ruidos de los carros y mulas en el amanecer sobre los cantos del empedrado de las calles. El pan moreno, el pan blanco, la cartilla del racionamiento y la satisfacción de las matanzas. El aguador con su cuba por la calle. El pantalón de pana, las abarcas y las alpargatas de lona. Y …. el guarrillo de San Antón. Y como no el pregonero con su clásica trompeta y su soniquete de bando.

Y por aquellos años nació mí interés por todo lo antiguo.

Y ahora, transcurridos los años, colmada mi satisfacción, llena mi maleta de curiosidades, intento poner todo ello en conocimiento del principal y único protagonista de todo ello: MI PUEBLO. Para ello he acabado con este segundo volumen en el cual doy a conocer la peculiar forma de hablar, así como de los cantares que durante tantos años han llenado de satisfacción a todos nosotros, los moraleños, en todas las acciones y trabajos de nuestras vida.

Lorenzo Fernández Molina. Granada IV-2013