Personajes Ilustres siglo XX.- D. ANTONIO PRADOS LEDESMA

 D. ANTONIO PRADOS LEDESMA (Poeta y Maestro de Instrucción Primaria)

Este gran poeta manchego, y lucense de adopción, nació en Moral de Calatrava el 26 de febrero de 1905, en el domicilio familiar de la Calle Real (actual Regente María Cristina). Hijo de José María Prados Labrador y de Encarnación Ledesma Rozas.

Familia económicamente modesta y de marcada religiosidad, lo que determinó algunos rasgos de su carácter y personalidad. Su infancia transcurrió en la casa de su pueblo natal, el mismo se define: “yo eraun niño introvertido y sentimental que quería irse con las nubes y los pájaros, pasar sin ruido como el alma de las fuentes, o la fragancia ingrave de loslirios” y escribe sobre su hogar: “el hogar moraleño huele a ternura ya romero. Y a Paz. El mío era así”.


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En esta temprana edad hay que situar ya sus primeras inquietudes literarias y en la que hace una descripción de vivencias en su pueblo: “miro atrás y veosolamente una infancia leve de libros y versos… Y entre los libros y el verso, el pueblo cegadoramente blanco, en las tardes vírgenes de verano, carretera del cementerio adelante, o la visita al Cristo, al toque deoraciones, en los anchos crepúsculos violeta.”. Desde muy temprana edad se inclinó, su vocación, hacía la literatura y el periodismo, con tan solo catorce años ya hacía algún tipo de colaboración literaria, impulsado y alentado por su gran amigo, el farmacéutico, D. José Antonio Nuño Cañadas, quien fuera después alcalde de 1940 a 1943.

Siendo aún un adolescente, a la edad de 17 años, en el año 1922, perdió a su madre, una pérdida irremplazable en su joven vida, a quien evocará en su poesía después como mujer “tranquila, dulce, enlutada / tierna como el pan moreno” (en el archivo familiar se conserva el siguientemanuscrito: “Murió joven. Yo la recuerdo morena, enlutada, siempremedio sonrisa. Su fe religiosa le dio una gran rigidez ética y moral. Mis más nítidas memorias de ella son aquellos lentos crepúsculos de Castilla en que su perfil evanescente presidía nuestros rezos, mientras temblaban en el aire las campanas del Ángelus. Niña y mujer, madre y amiga. Guiaba nuestros pasos con una dulzura sin sombras”.


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Cursó por libre estudios de bachillerato, y comenzó, a partir de 1921, a estudiar Magisterio en la Escuela Normal de Maestros de Ciudad Real, carrera que concluyó con éxito a los veintiún años, aunque tuvo que aguardar hasta 1927 para que le fuera expedido el definitivo título de Maestro Nacional de Primera Enseñanza. Inició su labor profesional como maestro interino en Almodóvar del Campo durante el curso 1925-1926. Ejerció también como interino en Higuera de Arjona (Jaén) desde 1927 a 1930. Aprobadas las oposiciones, fue destinado a la escuela de Aldea de Abaixo, de la localidad de Morás (Lugo), donde se incorporó en 1931.

Antonio Prados Ledesma ejerció el magisterio en Morás desde 1931 hasta 1949. Aquí conoció a Remedios Durán Domínguez (1916-2005), compañera y futura esposa con la que contrajo matrimonio en 1933, por lo que se instaló definitivamente en Galicia. En 1949 se trasladó voluntariamente a Viveiro para incorporarse al grupo escolar Pastor Díaz, colegio en el que desarrollo su trabajo durante veinticinco años, hasta su jubilación en 1975, y del que fue director por espacio de seis años.

Hizo también innumerables colaboraciones en periódicos y revistas de la época publicó por primera vez en un diario de Puertollano, probablemente El Defensor, fundado en 1920. Colaboró también en Vida Manchega (Diario de información), publicado en Ciudad Real y continuador desde 1920 hasta 1932 de la llamada “Revista regional ilustrada”. De esta publicación fue corresponsal en Higueras de Arjona (Jaén). Sin embargo, el mayor número de contribuciones periódicas de Antonio Prados corresponde al diario El Pueblo Manchego. Prados Ledesma colaboró igualmente en diversos medios publicados en Andalucía, como las siguientes publicaciones: Patria, periódico trisemanal editado en Jaén entre 1927 y 1929; La Publicidad (1881-1936), diario granadino;Arjona, “periódico quincenal independiente”, editado en el municipiojiennense del mismo nombre, y, por último, en El Ideal, fundado en Granada en 1932. En el ámbito gallego, una vez instalado en Morás en 1931, los primeros poemas que Prados dio a conocer aparecieron hasta 1939 en el Heraldo de Vivero, bajo el pseudónimo, ya empleado con anterioridad, de “Rodolfo de Regio”. Desaparecido el Heraldo, colaboró, de forma esporádica, en varios medios de la prensa gallega de la postguerra, básicamente en La Noche, El Progreso, Faro de Vigo y La Voz de Galicia.


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Volvió a visitar su pueblo natal en más de una ocasión, ya que en 1944 anunciaba en la revista La Noche de Santiago de Compostela, que en su retiro de Moral de Calatrava daba los últimos toques a su libro “Madejas de Sombra”, de marcado acento romántico. Durante su vida literaria ha escrito infinidad de poemarios:

– Evasión
– Nocturno de Santa María
– Difícil Afán
– Dos perfiles vivarienses
– Hacia nunca
– Música de Pino y Mar
– Alada Voz
– Domingo de Ramos en la aldea

– Despertar
– Viviero en espejo
– Moral en espejo –
– Balada de tarde enferma
– Novio verde del sauce y de la espuma
– Pasar sencillamente con un verso en los labios.

Antonio falleció el 29 de agosto de 1996. En octubre de 1996, el pleno de la corporación municipal de Viveiro, acordó por unanimidad conceder, a título póstumo la Medalla de Honor de la ciudad; y desde 1998 el concello de Viveiro convoca acertadamente un premio y certamen de poesía, que lleva su nombre. Este premio comenzó con carácter bienal pero dado su éxito, a partir del año 2001, se convoca anualmente. También en su pueblo natal, Moral de Calatrava, se le dedicó una calle, como homenaje póstumo a su hijo ilustre.


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Antonio Prados Ledesma era conocido como el poeta del verbo prodigioso. La mayoría de los hombres de letras coinciden en proclamar en que debe formar parte del elenco de poetas excepcionales que ha dado España. Y como muestra este hermoso e inedito soneto:

VERSO ÚNICO (Inédito)

Yo daría mi vida, toda entera
por el verso increado, el verso ungido que cantara la flor, la nube, el nido, la divina y eterna primavera.

Yo daría mi vida, lo que fuera
por ese verso fiel, por el latido
de un pájaro en un frente, el desvivido temblor de un ala fiel en mi cadera.

Daría todo, mas mis blancos lotos, mis costillas de azúcar, los remotos luminarios de mi pálido universo.

Daría mis alondras luminosas,
mi altiva soledad, mi azul, mis rosas. Hasta el alma, Señor, por ese verso.

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