Gastronomía

PLATOS TÍPICOS DE MI PUEBLO

INTRODUCCIÓN

Lorenzo Fernández Molina.- Nuestro pueblo se ve influenciado, al igual que La Mancha, por los influjos reiterados que convergen simultáneamente de Castilla y Andalucía como paso obligado. “Tierra de nadie y tierra de todos”. A tenor de este paso va naciendo una cocina surgida de colonos, pastores, arrieros, venteros y viajeros de comercio, aventura y calaña.

Otro rasgo fundamental de la cocina viene marcada por los productos de su territorio. Territorio de secano que produce cereales, legumbres, hortalizas, uva, aceite y caza. Gallinas y los cerdos. Todo ello nos proporciona una variedad en platos de guisos, estofados, escabeches y calderetas.

Son platos sencillos. “Platos únicos”. Platos para entonar el cuerpo, prepararnos para aguantar las duras caminatas, las inclemencias del tiempo o las faenas del campo.

Pensamos que nuestras costumbres de comida y bebida siempre han sido las mismas. Pero no es así. Nuestros mayores no tenían restaurantes, ni las ollas rápidas de nuestras cocinas, ni los grandes supermercados como lugar de compra habitual. Nuestros abuelos no comían lo mismo que nosotros, pero… Pese a la escasez de antaño, de nuestra infancia, los españoles nos alimentábamos de forma más equilibrada. Los alimentos que se ingerían eran de temporada porque no había sistemas de conservación. La comida escaseaba y se hacía un mayor gasto energético ya que los desplazamientos se hacían fundamentalmente a pie y lo trabajos a brazo. Solo los ricos y los reyes ingerían más calorías que las que gastaban. Ahora los alimentos se pueden consumir en cualquier época del año, Nuestra vida se ha convertido en bastante sedentaria lo que contribuye a que haya cada día más obesos. Nuestra alimentación es muy rica en proteínas y grasas y baja en hidratos de carbono, por eso se insta a a comer cinco raciones de frutas, verduras y hortalizas al día o a comida de cuchara.

Nos asusta que se apague la luz porque las verduras y la carne y el pescado se echa a perder. Nuestros abuelos no tenían luz y menos sistemas de conservación. Comían carne todo el año. La carne de cerdo y la manteca, para hacerla durar sin que se echara a perder, la cocinaban y ponían en algún recipiente para ir sacando, poco a poco, lo que necesitaban para el consumo. Se sofreían y se echaban en aceite, se metían en tripas dando lugar a chorizos, morcillas, etc., y carnes ahumadas que en la actualidad se siguen utilizando.

¡Y nuestra repostería! Los dulces que se hacían en temporada se preparaban por la propia familia para las ocasiones, en los hornos, y se guardaban en canastas.